Arroyo en la Guerra de Sucesión a la Corona de Castilla en el Siglo XV

Vista panorámica de Arroyo desde la dehesa de la Luz. ::LOLI HIGUERO
REPORTAJE

La actual Extremadura tuvo un especial protagonismo en el conflicto sucesorio que se desencadenó entre Juana "la Beltraneja" e Isabel I "la Católica" dado el carácter fronterizo de nuestra región. Además de esta particularidad, Extremadura era un territorio ampliamente señorializado, tres cuartas partes de su territorio estaba plagado de señoríos, por lo que la postura que la nobleza extremeña tomara en este conflicto sería decisivo para la suerte de la guerra luso-castellana.

El conflicto sucesorio que venía de antaño (Enrique IV y su hermano Alfonso), se agravó a partir de diciembre de 1474 debido al problema hereditario planteado a la muerte del rey de Castilla Enrique IV cuyo trono, vacante, se disputaron su hija Juana junto con su prometido el rey Alfonso V de Portugal y los príncipes Isabel y Fernando, futuros Reyes Católicos, que ya habían contraído matrimonio.

La futura reina católica contó en Extremadura con el apoyo, entre otros, de García Álvarez de Toledo, primer duque de Alba, marqués de Coria y señor de Granadilla; Fernando Álvarez de Toledo, I conde de Oropesa y señor de Jarandilla; y García de Herrera, señor de Talaván, Serrejón y Arroyo del Puerco.

García de Herrera se sumó con todas sus huestes al bando de Isabel desde el 27 de julio de 1472 cuando estableció capitulaciones matrimoniales para casar a su única hija, Blanca de Herrera, con Bernardino Fernández de Velasco, primogénito del segundo conde de Haro y heredero de una de las familias más poderosas de Castilla y uno de los más firmes puntales en los que se apoyó Isabel I en su lucha contra la pretendiente Juana. A partir de ese instante, García de Herrera entroncó con la más alta nobleza del reino castellano. Blanca aportó en esas capitulaciones, entre otras mercedes, un millón de maravedíes y Bernardino daba en arras seis mil florines de oro e hipotecando la villa de Cuenca de Campos (Valladolid).

Entre los partidarios de la princesa Juana en Extremadura se encontraba Diego López Pacheco, marqués de Villena y señor de Trujillo; Fernando de Monroy, señor de Belvís, Almaraz y Deleitosa; y Álvaro de Estúñiga, duque de Arévalo y conde de Plasencia. El apoyo de esta última ciudad a la hija de Enrique IV fue de tal intensidad que allí fue donde en 1475 Juana y Alfonso V contrajeron matrimonio y proclamados reyes de Castilla y León.

Después de diversas batallas entre los ejércitos de ambos contendientes en los que quedó plasmado una fortísima división entre los castellanos, y en los que "se despertó la codicia, creció la avaricia, cayó la justicia, se señoreó la fuerza y reinó la rapiña", según podemos leer en algunas crónicas que recuperan este enfrentamiento, el conflicto concluyó definitivamente en 1479 cuando el Tratado de Alcaçovas reconoció a Isabel y Fernando en el trono de Castilla y otorgó a Portugal, como compensación, el control de una gran parte de los territorios del Atlántico que disputaba con el reino castellano. Por otro lado, la pretendiente Juana, derrotada, marchó a Portugal donde estuvo exiliada el resto de sus días, aunque siguió firmando toda su vida como "Yo, la reina". Falleció en Lisboa en 1530.

La victoria de Isabel y Fernando conllevó, como no podía ser de otra forma, una serie de mercedes para la nobleza extremeña que le había apoyado en su lucha y, por ende, para los territorios que estos señores feudales poseían en señorío. No es baladí que fue a partir de la llegada de los Reyes Católicos al poder cuando Arroyo del Puerco comenzó un desarrollo artístico y urbanístico como hasta entonces nunca había conocido. Impulso que se incrementó en nuestra población cuando la hija de Blanca de Herrera y Bernardino Fernández de Velasco, Ana Herrera de Velasco, contrajo matrimonio con Alfonso Pimentel, V conde de Benavente.  

Estas mercedes se tradujeron en la finalización de la iglesia de la Asunción, en la construcción del convento de San Francisco, la ermita de San Antón o en el inicio de las obras del palacio de los condes de Benavente, entre otras edificaciones que vieron la luz a lo largo del siglo XVI.

Es decir, la apuesta de la nobleza arroyana por el bando vencedor en la guerra civil castellana de finales del siglo XV nos cubrió de honores y rentas, e hizo de Arroyo del Puerco un municipio con señorío propio tal y como atestigua el Rollo de la Villa que está fechado en 1503. Arroyo del Puerco comenzó con un esplendor que nos situó como una de las principales villas extremeñas a lo largo de toda la modernidad y una buena parte de la contemporaneidad.