LAS ESCUELAS NUEVAS

Parte del plano de la fachada de las Escuelas Nuevas. :: CEDIDA
HISTORIA DE ARROYO

Si existe para los arroyanos/as de más de 40 años un edificio educativo que relacionan intensamente con su pubertad, colegio donde aprendieron sus "primeras letras" y donde conocieron a unos amigos que ya no olvidarían nunca, ese inmueble está identificado con las ya desaparecidas "Escuelas Nuevas". Un magnífico edificio que se levantó durante los años de la dictadura del general Miguel Primo de Rivera y que estaba ubicado en el espacio que hoy ocupa el Hogar del Pensionista, la Universidad Popular y el Territorio Joven en la calle Escuelas Graduadas.

Hasta que se construyeron esas escuelas, las infraestructuras educativas en nuestra población eran catalogadas por los propios maestros que ejercían en Arroyo como "antros tenebrosos que olían a cárcel y que daban una sensación muy distinta a lo que debía ser una escuela de niños". La descripción anterior se identificaba fundamentalmente con un antiguo pósito que hacía de escuela en la plaza de la localidad, hoy Oficina de Turismo, y donde se hacinaban los escolares arroyanos, escuela que era regentada por los docentes Cándido Franco Galván y Florencio García Rubio.

La llegada a la localidad en 1918 de este último, y su pronta incorporación como concejal del Ayuntamiento arroyano y posteriormente primer teniente de alcalde, aceleró los trámites para que Arroyo tuviese una escuela pública acorde en majestuosidad y con la importancia demográfica que nuestra población tenía en la provincia de Cáceres. Las peticiones oficiales desde 1924 comenzaron a ser insistentes ante la Inspección de Primera Enseñanza de Cáceres. Postulaciones que tuvieron una buena acogida en el inspector Juvenal de Vega y Relea, funcionario que se propuso construir unas escuelas que fuesen la envidia de los pueblos limítrofes.

Con el visto bueno de la administración educativa, en abril de 1926 se diseñaron unos planos del edificio por un arquitecto madrileño que posteriormente reflejarían el aspecto del edificio que realmente se levantó y que todos los alumnos de mi generación, y anteriores, aún conservamos en nuestra retina. Algo más de tres años se necesitaron para que el proyecto del grupo escolar "Primo de Rivera", que fue el primitivo nombre que tuvieron las luego conocidas como "Escuelas Nuevas", fuesen una realidad para la inmensa mayoría de los niños y niñas arroyanas.

El grupo escolar estaba formado por una espaciosa edificación de una sola planta con clases amplias y soleadas, y dividido el edificio en dos mitades donde respectivamente se encontraban instalados los grados de niños y de niñas, ya que la coeducación todavía no se había impuesto en nuestro país. En la parte interior existía una amplia galería y dos patios extensos para el recreo. Además de ello, a esta escuela se le dotó con el material pedagógico más moderno para la época ya que contaba hasta con "un aparato de proyecciones".  

Efectivamente, el domingo 10 de marzo de 1929 y con una solemnidad extraordinaria fueron inauguradas las escuelas por las que pasamos un sinfín de escolares durante el resto del siglo XX. Ante semejante acontecimiento en la villa, el pueblo de Arroyo del Puerco se sumó en su celebración casi en su totalidad. Al acto fueron invitadas las autoridades civiles, religiosas y militares de la capital provincial, además de un alto número de particulares en íntima relación con nuestra localidad.

Con este motivo, a las tres de la tarde salieron desde Cáceres en automóvil el gobernador civil que no era otro que el coronel de Infantería José García Crespo, junto con él, el delgado gubernativo, el capitán Luciano López Hidalgo, el arroyano Miguel Chaves y el periodista Francisco Maderal.

Aproximadamente a la altura de donde hoy día se encuentra la gasolinera del pueblo, esperaban en la carretera el obispo de la diócesis Dionisio Moreno Barrio, un intelectual palentino que además de la mitra de Coria era doctor en Sagrada Teología, Derecho Canónico y Filosofía. Junto con él estaban el inspector jefe de primera enseñanza Juvenal de Vega con su esposa, el cura párroco de la localidad en aquel año, Fernando Congregado, y otros invitados como Miguel Canal, José Blázquez y el artista cacereño Caldera.

Después de ofrecerles el saludo protocolario a los que llegaron desde la capital provincial, todos juntos iniciaron una marcha a pie para adentrarse en la localidad. En la Plaza Nueva les esperaba el alcalde, Julián Macías acompañado de todos los concejales del Ayuntamiento. Junto con la máxima autoridad municipal también se encontraban los maestros y maestras que ejercían en la localidad, tales como Adolfo Maillo o Ricardo Gil Toresano, entre otros, junto con todos los escolares en correcta formación, alumnos que entonaron cantos patrióticos cuando vieron aparecer la comitiva oficial.

A partir de ese instante el cortejo se dirigió a la iglesia de la Asunción donde se interpretó un enfático Te Deum que fue oficiado por el obispo Moreno Barrio. Terminado el acto religioso el séquito, con el obispo a la cabeza con "capa pluvial y mitra", se puso de nuevo en marcha, seguido del resto de sacerdotes, autoridades provinciales y locales y pueblo en masa con dirección a las escuelas que iban a ser bendecidas con total solemnidad.

Todas las dependencias fueron bendecidas, comenzando posteriormente las distintas alocuciones. En primer lugar, niños y niñas comenzaron los discursos con un recitado de sentidas poesías de salutación a las autoridades, y dedicando un cariñoso recuerdo al general Primo de Rivera, en aquel momento Presidente del Gobierno. A continuación, fue el alcalde el que tomó la palabra con un emotivo discurso que no pudo concluir debido a la emoción que le embargó en aquel instante. Tomó la palabra posteriormente el maestro García Rubio que ensalzó, entre otros, al inspector jefe y al propio Ayuntamiento por conseguir unas escuelas dignas de llevar ese nombre.

El nuevo turno de palabra lo tomó León Leal Ramos, un abogado cacereño, premio extraordinario de licenciatura y circunscrito durante toda su vida en la esfera del "catolicismo social", que centró su discurso en la cultura, el progreso y la vejez. A continuación el inspector Juvenal volvió a elogiar al pueblo de Arroyo y al verdadero instigador para que aquellas escuelas vieran la luz, Florencio García Rubio, discurso que fue muy aplaudido por todos los presentes. El gobernador civil centró su disertación en la laboriosidad de los arroyanos, la belleza de sus mujeres y abogó por la defensa de la "Religión, la Ciudadanía y la Patria". El último en intervenir fue el obispo de Coria que volvió a ensalzar los valores religiosos y pidiendo a nuestros paisanos para que perseveraran en el "amor a Dios y al Rey como única guía para cumplir con sus obligaciones".

El epílogo del acto fue un recitado de varias poesías por los escolares más aventajados de la localidad, el reparto de la merienda para todos los alumnos allí presentes y una cuestación a favor de los ancianos de la población, acto peticionario con el que se obtuvo una buena cantidad de dinero. Para finalizar el día, el Ayuntamiento sufragó un "espléndido lunch admirablemente servido" con el que se obsequió a todas las autoridades e invitados que llegaron aquel día a nuestra población para vivir una jornada inolvidable: la inauguración de las que serían las Escuelas Nuevas de Arroyo del Puerco.