Fotografía de archivo. Parroquia de San Sebastián. / Máximo Salomón Román

EL TIEMPO DE LA MEMORIA

Las campanas de San Sebastián

MÁXIMO SALOMÓN ROMÁN Arroyo de la Luz

Aunque las patronas de los alfareros son las santas Justa y Rufina, fue capricho del destino que la mayoría de los alfares arroyanos se instalara en el Arrabal, zona periférica de la villa de Arroyo en la que se veneraba a los santos Mártires, en especial a san Sebastián. Y serían mártires de adopción para aquellos olleros, herederos de una técnica árabe y judía en el oficio del barro. Una ermita a la que se hace referencia a mediados de siglo XIX en el Diccionario de Madoz y que, posteriormente, en los años veinte del pasado siglo, describe el arqueólogo madrileño José Ramón Mélida como una construcción de arquitectura popular que mantiene algunas estructuras del gótico puro del siglo XV.

Es en el siglo XVIII cuando se construye la Capilla Mayor con su correspondiente cúpula. También, se ubica un retablo con reminiscencia del estilo rococó en madera sin policromar, y en el mismo la imagen de san Sebastián que, a la postre, va a permanecer como el único santo venerado. Y se hablará, de ahora en adelante de la ermita del Santo. Cubre la mayor parte de los gastos, aunque muchos serían de sufragio popular, un arroyano que se erige como auténtico mecenas: D. Diego Holgado de Guzmán, indiano, Fiscal de la Real Audiencia de Lima y natural de Arroyo de la Luz.

Es en el año 1959 cuando, junto a san Antón, la ermita del Santo se convierte en parroquia. Adjunta a la misma, un convento de religiosas, concretamente, Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús. Mientras fue ermita, los actos religiosos lo realizaban Coadjutores de la Asunción, como Juan Díaz y Luis Saiz. Una vez que se convierte en parroquia, se cubre por la normativa anterior al Concilio Vaticano II (ésta permite a los obispos nombrar a dedo a los párrocos) y en riguroso concurso-oposición es don Félix Sánchez, natural de Valdeobispo quien cubre la vacante creada.

La iglesia cuenta a principios de los sesenta con un campanario sencillo, muy tradicional en la arquitectura religiosa popular. El párroco, a la sazón, decide acometer varias reformas. Así, se quita algún altar, otro se cambia de ubicación, como el caso de san Antonio, o se elimina un antiguo púlpito. Lo más llamativo es la decisión, entiendo que desafortunada, de levantar una espadaña para la nueva torre. Se realiza con materiales más modernos y se rompe el encanto del edificio. Ello obliga a construir una nueva puerta oeste y a cambiar la existente, de arco apuntado a la zona norte. Este se ubica en el interior y es la que da paso a la iglesia. En esa fachada se levanta otro de medio punto y por encima un óculo con vidriera, coronado todo por una cruz.

Pero el presupuesto no es todo lo boyante a desear. Solamente da para una campana por lo que durante treinta y cinco años queda una parte de la torre al desnudo. Son varios los sacerdotes que desfilan por san Sebastián, pero, es con la llegada de don José Luis Rojo cuando la torre va a completar su cuerpo de campanas. Así, un viernes de julio de 1997 (ya han pasado veinticinco años, el Arrabal está de fiesta. La iglesia adquiere como parte de su patrimonio el cuadro de 'la Sagrada Cena', en el que varios arroyanos, junto a otros voluntarios, ponen su rostro a merced de la pintora.

Y, a la par, se bendice la nueva campana en presencia de madrinas arroyanas entre las que subrayo a Lola Pajares, Maricarmen Lucas, Eugenia Cabezas y Juani Leal. La misa en cantada por el Pandero y, durante la homilía, don José Luis explica los pasos seguidos en todo el proceso. A la vez, elogia el trabajo de la pintora Beatriz, quien dona la mitad de su coste. La otra mitad de la pintura (750.000 de las antiguas pesetas) es regalía del sacerdote, el otro mecenas de la parroquia. A tal señor, tal honor.