Cartel de las elecciones de Arroyo de la Luz de 1995. / Cedida

'Felicísimo Bello, el alcalde. Memoria viva de la Transición y la democracia'

FRANCISCO JAVIER GARCÍA CARRERO Arroyo de la Luz

Como cada mes, a principios del presente mes de julio, Francisco Javier García Carrero, cronista oficial de Arroyo de la Luz, compartió un nuevo artículo sobre la historia arroyana en el blog de la Asociación Cultural Arroyo de la Luz Paisajes y Fiestas.

En esta ocasión se trata de un artículo dedicado a uno de los alcaldes de la localidad, Felicísimo Bello Merino, un regidor que logró la alcaldía del municipio frente a dos partidos polícitocs distintos.

Como señala el cronista, el artículo reivindica su figura a sus 80 años, ya que piensa que «los homenajes, si hay que hacerlos, deben ser en vida».

A continuación les dejamos el texto, el cual puede visitarse igualmente a través del siguiente enlace

https://arroyodelaluzpaisajesyfiestas.blogspot.com/2022/07/62-el-cronista-felicisimo-bello-el.html?fbclid=IwAR2u7dSuQ_9a8D8X7NmeyVepSlZW8SXDX0PbPgqN-4mdBo7aGTV6iTHu86M

'Felicísimo Bello, el alcalde. Memoria viva de la Transición y la democracia«

No son pocos los jóvenes arroyanos, a pesar del exiguo tiempo transcurrido desde que abandonó la vida pública en la localidad, que nunca han oído hablar de Felicísimo Bello Merino. Y, sin embargo, estamos hablando de un personaje crucial en la historia reciente de Arroyo de la Luz y más concretamente en los años que discurren desde la Transición española hasta los primeros años de nuestra democracia. La verdad, como bien sabe él y alguna de sus hijas, es que desde hacía tiempo tenía pensado realizar uno de los artículos mensuales para dedicarlo en exclusividad a un alcalde con mayúsculas, un regidor que actualmente con sus casi 80 años de existencia se ha convertido por derecho propio en la memoria viva de aquella magnífica década de los ochenta y primeros años de los noventa del siglo pasado.

Y resulta que Felicísimo Bello Merino es un personaje crucial en Arroyo de la Luz no solo por sus doce años que de manera ininterrumpida ejerció el bastón de mando de la localidad, y al frente de dos partidos políticos distintos, una situación que a lo largo de la historia, y hasta la actualidad, nadie ha logrado en nuestra población (1983-1995); sino también porque formó parte, como teniente de alcalde, de la primera corporación postfranquista (1979-1983), y que, abandonada la alcaldía, siguió como concejal del ayuntamiento dirigiendo su particular agrupación durante tres legislaturas más (Agrupación Socialista Obrero Independiente o integrado en otras marcas electorales próximas a la izquierda política extremeña como fue el SIEX). Y, sin olvidarnos, como ya hemos trasladado en alguna otra ocasión, que ha sido el único arroyano que hasta la fecha ha logrado derrotar en unas urnas municipales al casi siempre imbatido PSOE local.

El «diario» de este alcalde, fundamental para todos los de nuestra generación, se inicia con la historia de sus padres. Y más concretamente con la intrahistoria de su madre, Benjamina Merino Galán. Y es que esta joven, como tantos arroyanos de aquella generación casi perdida, vivió en sus carnes otro episodio dramático, y mira que hemos contado ya unos pocos. Un suceso que estuvo relacionado una vez más con la guerra civil. Benjamina Merino Galán era la novia formal, estaban próximos a contraer nupcias, de Octavio Carrasco Canales, quien incluso ya le había regalado la mantilla para la boda. Este joven panadero de solo 24 años, una vez controlada la localidad por las fuerzas rebeldes, fue apresado, encarcelado, juzgado en un irregular consejo de guerra, acusado de delitos nunca cometidos, y fusilado en Cáceres el día 10 de diciembre de 1936.

Estamos, pues, ante un cruel episodio que provocó en esta mujer, que se quedó «viuda» antes de contraer matrimonio, unas profundas convicciones socialistas y que trasladó a todos sus vástagos, especialmente a su hijo Felicísimo. Una ideología «que mamé en mi familia», como reconocía nuestro alcalde en conversación distendida que tuvimos no hace tanto tiempo en el patio de su casa, y que me ha corroborado posteriormente una de sus hijas, mi amiga Julia. Aquel episodio fue el inicio de una militancia política, muchas veces callada, pero siempre alejada de los partidos de derechas y muy especialmente de la dictadura a la que identificaba con aquella desgracia. Una adversidad que nunca fue olvidada por Benjamina que quiso enterrarse, falleció en diciembre de 1972, con aquella mantilla de boda nunca utilizada, regalada por su primer gran amor, una prenda guardada como oro en paño durante casi 40 largos años.

Pasado un tiempo, aunque nunca superado ni por supuesto olvidado aquel escarnio, Benjamina contrajo matrimonio en los inicios de la década de los cuarenta con Felicísimo Bello Guzmán, con el que definitivamente formó una familia feliz. Varios son los hijos que tuvo este matrimonio además del que nos ocupa este artículo, Benjamín, Francisco (Kiko), Petra y Angelita, los dos primeros ya fallecidos, y las dos mujeres, como nuestro protagonista, todavía viven en Arroyo de la Luz.

Felicísimo Bello Merino nació un 27 de agosto de 1943, en una década que con seguridad fue la más nefasta para la población arroyana de todo el siglo XX (los años del hambre). Como tantos y tantos de nuestros paisanos todavía adolescente tuvo que trabajar muy duro junto a sus padres en la agricultura, aunque también conoció el trabajo de ladrillero y carbonero. Cuando realizó el servicio militar en Madrid, y como otros reclutas que aprovechaban este tiempo en «filas», logró sacar todos los permisos de circulación posibles. Especialmente fructífero para su vida futura fue el carnet de conducir de camiones, un documento que le habilitaba como chofer, profesión con el que ganó el sustento familiar durante 23 años, y antes de ser el máximo mandatario en su pueblo de nacimiento.

Al principio de la década de los sesenta del siglo pasado nuestro protagonista entabló relaciones formales con Juana Tato Amaya, una joven de la localidad que acabó convirtiéndose en su esposa y en la madre de sus cuatro vástagos, dos hijas, las mayores, y dos hijos, los más pequeños: Benjamina (11 de junio de 1962), Julia (6 de septiembre de 1963), Miguel Ángel (17 de marzo de 1966) y Felicísimo José (Willy, 18 de septiembre de 1971).

Durante los años del llamado Tardofranquismo, el último periodo de la dictadura, se asentaron de manera definitiva sus postulados de lo que él denomina «hombre de izquierda». De manera sistemática, y siempre que le dejaba su profesión, leía todos los artículos editados en las revistas que tenían la notoriedad de ser publicaciones aperturistas y más o menos críticas con el régimen político imperante, rotativos como fueron La Codorniz o el mítico Cambio 16. Su ideología cada vez más evidente le trajo problemas y enfrentamientos con la Guardia Civil del Puesto en la localidad. Todavía recuerda cuando acabaron siendo detenidos tanto él como otra treintena de paisanos cuando estaban celebrando una reunión no autorizada en el piso superior del bar «Muleto», un establecimiento hoy ya desaparecido, pero siempre recordado por aquel excelente bacalao rebozado que ningún otro bar lograba superar.

Con la muerte del dictador en noviembre de 1975 y la «explosión» de siglas de partidos que surgieron con el inicio del aperturismo político, Felicísimo entró en contacto con la agrupación del profesor universitario Enrique Tierno Galván (Partido Socialista Popular), con el que se identificaba claramente en estos primeros años. Esta agrupación acabaría integrándose en 1978 en el PSOE de Felipe González y con él nuestro protagonista, que acabó participando también de estas siglas de la mano de uno de los líderes del partido en la provincia de Cáceres, Pablo Castellanos, que fue a la postre quien acabó por convencerlo para integrarse en el PSOE arroyano.

Convocados los primeros comicios municipales de la recién recuperada libertad para abril de 1979, Felicísimo se incorporó a la lista del PSOE local. Una lista electoral que encabezaba José María González Bravo (para entender los motivos por los que este socialista tan atípico iba de número uno en aquellos comicios, véase nuestro trabajo en De aquí a la eternidad. Estudios de historia arroyana 2, Luz y Progreso, 2020). Felicísimo ocupó el puesto número tres de aquella lista que encabezaba José María González, y justo detrás de otro de los socialistas históricos en la población, Félix Pajares Moreno que iba de número dos.

Aquellas elecciones fueron todo un éxito para la candidatura en la que iba integrado. El PSOE obtuvo un 67% del voto escrutado reportándole nada menos que 9 concejalías, una mayoría absoluta muy holgada. Felicísimo fue nombrado poco después de la toma de posesión de José María González primer teniente de alcalde. No obstante, muy pronto comenzaron los problemas dentro del seno de la agrupación vencedora. Felicísimo nos recuerda en la conversación anteriormente aludida que las principales discrepancias llegaban por unas arcas municipales que se habían encontrado completamente vacías, y por el intento de investigar unos gastos que la corporación municipal anterior había realizado en el campo de fútbol. Un gasto del que el alcalde no quería saber gran cosa y él, como teniente de alcalde, sí quería conocer más en profundidad. Aquel intentó de buscar respuestas chocó con el partido al que pertenecía y que acabó por expulsarlo, privándole, además, de la concejalía que ocupaba. Y es que Felicísimo siempre fue muy crítico con las posturas «maximalistas» de su propio partido tal y como podremos volver a comprobar.

En consecuencia, el 22 de noviembre de aquel 1979, solo seis meses después de acceder al puesto, la Comisión Ejecutiva del PSOE provincial informaba al alcalde que «se había dado de baja como concejal a don Felicísimo Bello Merino por incumplimiento de los estatutos de nuestro partido». Firmó el documento oficial, y equivocando el primer apellido de Felicísimo, por cierto, el secretario de organización Francisco Javier Hernández de Cáceres. Se acordaba, además, que el nuevo puesto debía ser ocupado por el siguiente de la lista. En este caso Ladislao Bermejo Cerrudo.

A pesar de la salida del partido y del Ayuntamiento, los problemas en el seno de la corporación municipal gobernante siguieron estando muy presentes. El ejemplo más paradigmático de esta división del PSOE local se observó cuando en octubre de 1981 se debatió una moción que el propio Partido Socialista había presentado unos meses atrás. Se trataba la modificación del nombre en cinco calles, cuatro de ellas de clara significación con la dictadura y otra que hasta la fecha no llevaba nombre alguno. El resultado de aquella votación fue contrario a los intereses del propio PSOE ya que cuatro de los concejales, incluido el alcalde (uno, incluso no apareció ni el día de la votación), se negaron a apoyar su propia propuesta y que fue, por consiguiente, desestimada con solo cinco votos favorables de los trece que componían la corporación.

Será en este contexto de desunión cuando el Partido Socialista a nivel provincial vuelva a contactar con Felicísimo para caminar juntos por segunda vez. Acabaron convenciéndole para que volviera a integrarse dentro del partido y para que encabezara la lista en las elecciones que se iban a convocar en la primavera de 1983. Los integrantes de aquella candidatura contaron con su beneplácito personal. Con su nombre al frente obtuvo su primer y rotundo éxito electoral, incluso superando los resultados que habían obtenido en los anteriores comicios locales. Efectivamente, la papeleta que encabezaba Felicísimo Bello Merino aquel 8 de mayo de 1983 fue elegida por 2.659 arroyanos, unos números que le depararon nada menos que 10 de los 13 concejales que tiene el ayuntamiento. Es decir, una amplísima mayoría absoluta que le dejó un enorme margen para poner en marcha todos los cambios que él entendía como necesarios para la población.

Lo primero que retomó fue la moción derrotada anteriormente. Aunque ahora no se limitaría a un cambio parcial del nomenclátor arroyano. Su propuesta fue mucho más ambiciosa y quiso, casi de un plumazo, acabar con el nombre de todas las calles de simbología franquista. De esta forma, en septiembre de 1983 desaparecieron la Plaza de José Antonio Primo de Rivera, General Mola, Calvo Sotelo, Generalísimo Franco, Onésimo Redondo, Hermanos Miralles, Sánchez Herrero, Alférez Poblador Guillén, Capitán Cortés, Franco (con esta se cometió un error al pensar que identificaba al dictador, y no era así), y otras como Letra A, B, C y D. Un año después también modificó otras dos que no había detectado en esta primera moción (García Morato y Alférez Canal Rosado). En ambos casos no se produjo disensión alguna, los diez concejales socialistas votaron a favor de las modificaciones.

Se convirtió Felicísimo, por consiguiente, en el gran deslegitimador de la dictadura y el que pilotó definitivamente el asentamiento de nuestra joven democracia en la población. Lo cultural será para Felicísimo otra de sus prioridades, así por ejemplo supo recuperar la Revista de Ferias y Fiestas en septiembre de 1984 en la que se rodeó de grandes firmas locales entre las que destacaba Juan Ramos Aparicio con un magnífico «El español y el sexto pecado capital», un texto en el que nuestro poeta criticaba la «envidia», tan común en nuestra población a lo largo del tiempo y tan presente hoy día. Cerraban el resto de aquellos textos José Terrón, M. Salomón, Ángel Rodríguez, Alonso Ramos, y José Pajares, entre otros. Con esta propuesta trató de revitalizar un modelo de publicación del que en Arroyo tenemos constancia al menos desde el ya lejano 1944. Por otro lado, en este mismo año su hijo Miguel Ángel se había puesto al frente de las Juventudes Socialistas, una agrupación que quería formar futuros cuadros del partido, aunque por diversas circunstancias, y salvo honrosas excepciones, Juventudes siempre han estado en muy segundo plano en la localidad.

Su principal propuesta de trabajo en esta legislatura no estuvo exenta de disputa, la construcción de un barrio de casas sociales en la explanada donde se ubicaba la Cruz de los Caídos, que como consecuencia de las obras tenía que ser reubicada. Un asunto que generó gran polémica en la población porque no faltaban los que ya entonces entendían que debía derruirse el símbolo que se había erigido en aquel lugar en los albores de la dictadura. Felicísimo optó por el traslado de la cruz en el espacio que actualmente ocupa, aunque lo que sí hizo fue cambiar su resignificación con una nueva leyenda en la base de la misma, y en la que se homenajea y se pone en valor a todos los caídos arroyanos, y no solo a algunos como hacía la primitiva placa.

Fue en esta legislatura cuando también se propuso hacer un arreglo casi integral del edificio del ayuntamiento, especialmente en la parte superior del mismo. Según sus palabras el sentido de aquellas obras se encaminaba a que «ofreciese el aspecto de un lugar digno y moderno y que fuese reflejo de nuestro pueblo». De la misma forma, se propuso realizar, y pocos años más tarde fue una grata realidad para la población, una gran casa de cultura que incluyera salón de actos para conferencias y representaciones teatrales, una moderna biblioteca y una sala de exposiciones, entre otros espacios. Para su realización el consistorio compró una casa privada que junto a la antigua cárcel y una escuela en plena Plaza de la Constitución conformarían un edificio moderno y operativo de tres esbeltas plantas. Logró Felicísimo una mayoritaria financiación de la Diputación Provincial que aportó 19 millones de pesetas a lo que se añadió otro millón más que depositó el ayuntamiento.

Próximo a la finalización de esta primera legislatura como alcalde, el 23 abril de 1987 y bajo su presidencia se procedió a la inauguración oficial de la Biblioteca Pública Municipal. Para ello Felicísimo encargó al poeta y maestro Juan Ramos Aparicio, con el que siempre tuvo unas excelentes relaciones, a que pronunciara la conferencia de apertura. Juan la tituló «Cervantes y su obra». Aquel mismo día, otro poeta local, Miguel Espadero, y con la presencia del alcalde, recitó unas «décimas muy cuidadas y sonoras», según palabras de Juan Ramos, que el público aplaudió largamente.

Dos meses más tarde, se celebraron nuevas elecciones locales. Por segunda vez consecutiva Felicísimo lideraba la opción del Partido Socialista y por segunda vez logró un magnífico resultado electoral. Volvió a obtener mayoría absoluta, aunque en esta ocasión se dejó por el camino un concejal. En junio de 1987 el PSOE se tuvo que conformar con ocho puestos, seis de ellos arroyanos, un malpartideño y otro era originario de Salmoral (Salamanca). La oposición en aquella segunda legislatura la encabezó Extremadura Unida con dos concejales, agrupación que llevaba de primero a José María González, el alcalde anterior, y de segundo a otro antiguo militante del PSOE. Cerraban el consistorio un concejal de Izquierda Unida, otro de Alianza Popular y otro del Centro Democrático y Social.

Esta segunda legislatura dentro del Partido Socialista no fue tan placentera como la primera y no tardaron en llegar nuevas fricciones con el partido que acabaron en una segunda expulsión. Aunque su salida del Partido Socialista Obrero Español no fue por una cuestión concreta, Felicísimo nos resume en una frase los motivos por los que fue separado por segunda vez, «fui expulsado por discrepancias políticas, que, en este caso, como en el anterior, por defender los intereses del pueblo frente a los del partido».

A pesar de los inconvenientes que todo ello le podía provocar, no olvidemos que eran los años de mayorías absolutas de Felipe González a nivel nacional y de Ibarra a nivel regional, Felicísimo siguió al frente del consistorio al que quería seguir modernizando. Por ejemplo, el lugar donde estaba depositado el archivo municipal era una sala que «guardaba legajos y documentos todos tirados por el suelo». Durante esta etapa se propuso realizar una catalogación y una ordenación del archivo histórico. Después del mismo, fue consciente que una gran parte de la documentación que albergaba el mismo había desaparecido. Una lástima, porque sin ella siempre es más difícil completar nuestro pasado.

De la misma forma, tenía en mente el diseño, junto con la Diputación de Cáceres, de un polígono industrial pero que no vio la luz hasta muchos años más tarde. De hecho, esta propuesta fue una constante en todos los programas electorales que se sucedieron en los años siguientes. Mucha menos suerte tuvo con otro de sus grandes proyectos, el de la concentración parcelaria. Y es que un gran número de los propietarios arroyanos se negaron en redondo a ponerlo en práctica en su totalidad, aduciendo una pérdida de metros con las parcelas que se les quería adjudicar.

Durante este mandato también suscribió, con el beneplácito del resto de la corporación municipal, la solicitud para que nuestro día más grande, el Día de la Luz, fuese considerado fiesta de interés turístico. Él no solo argumentó en marzo de 1988 que este día tuviese interés de carácter regional, sino que también fuese de interés turístico nacional. Todos sabemos que el beneplácito regional todavía tardó unos años en conseguirse, de hecho, la aceptación de nuestra gran fiesta como evento de interés turístico regional no se lograría hasta 1997, y ya coincidente con la alcaldía de Lorenzo Pérez Durán.

Que la expulsión del partido fue definitiva para nuestro protagonista se demostró cuando se convocaron las cuartas elecciones locales de la democracia, las de 1991. Para estos comicios, en los meses previos había contactado con un número importante de amigos y correligionarios de la corporación que estaba a punto de concluir, Ángel Bejarano, Josefa Carrero o Luis Rodríguez Martínez. Con ellos, y otras incorporaciones que se añadieron, decidió crear una agrupación política nueva que le reportó unos resultados espectaculares y nunca vistos para una agrupación independiente (ASOI). Con un lema completamente personalista, «vota a Felicísimo», logró que 2.534 arroyanos optaran por su candidatura, y que se tradujera en 9 concejales, una nueva y tercera mayoría absoluta. Fue tal el éxito obtenido que tres de los partidos que optaban a representación se quedaron sin concejalía alguna, Partido Popular, Extremadura Unida y Centro Democrático y Social.

Fueron cuatro años de intensa actividad local en distintos ámbitos. Muchas veces en relativa soledad administrativa dada la correlación de fuerzas políticas en la Diputación Provincial o en la Junta de Extremadura en Mérida. Además de lo anterior, fueron años en los que la desgracia a la población y a su familia fueron una triste realidad. En primer lugar, la localidad conoció que nuestro gran pensador, Pedro Caba, había fallecido en Madrid y que había decidido enterrarse en su pueblo de nacimiento. Fue en octubre de 1992 cuando en una iglesia de la Asunción abarrotada de fieles se dio el último adiós a nuestro insigne paisano. Felicísimo afirmó en aquel momento para toda la región que «para Arroyo era todo un honor que haya querido ser enterrado aquí, donde había nacido».

En segundo lugar, y mucho más dramático para su persona e incluso más impactante para toda la localidad, dada la edad que tenía Miguel Ángel, fue cuando conocimos la muerte de su hijo un 18 de abril de 1994, y ya a un año de concluir con su mandato como máximo regidor en Arroyo de la Luz. Aquella triste noticia dejó en todos los que lo habíamos tratado, y especialmente en su círculo familiar más cercano, un poso de desconsuelo difícil de superar.

A pesar del infortunio familiar, en 1995 Felicísimo quiso seguir apostando por su agrupación política que tan buenos resultados le había acarreado cuatro años atrás. No obstante, los doce años al frente del consistorio provocaron cierto cansancio en el electorado que ahora sí quiso volver a confiar de manera mayoritaria en el PSOE que presentaba como candidato a Lorenzo Pérez Durán. De hecho, los siete concejales que obtiene el Partido Socialista le permitieron recuperar el poder local. Aunque Felicísimo una vez más quiso apostar por el personalismo en su candidatura ASOI, «para continuar con ilusión, vota a Felicísimo» dirían todos sus carteles propagandísticos, la estrategia se quedó lejos de lograr su objetivo último. De esta forma, con unos escasos 755 votos quedó exclusivamente como el primer partido de la oposición. Los otros cuatro concejales se lo repartieron el PP, que volvía al consistorio después de cuatro años ausentes de la vida pública, e Izquierda Unida que logró los otros dos puestos.

A partir de este año su buena estrella política en Arroyo comenzó un lento pero progresivo declive. Sus coqueteos con otras agrupaciones de izquierda que se movían al margen o la izquierda del PSOE tampoco le dieron resultados positivos. Así, por ejemplo, se estrenó como número 5 para las elecciones al parlamento europeo del año 1994 en la candidatura de Coalición por un Nuevo Partido Socialista, una coalición que llevaba de número uno a José Miguel Villa Antoñana y que nada tuvo que hacer con el candidato del PSOE Fernando Morán.

Nueva derrota electoral le supuso su presencia en el partido Socialistas Independientes de Extremadura (SIEX), con el que concurrió en 1999 tanto para la Asamblea de Extremadura en la que iba de número 4, o para las elecciones locales de ese mismo año, en la que como número uno y con 567 votos, solamente él fue nombrado concejal de toda la lista que le acompañaba. De nuevo, en este año el PSOE que lideraba Lorenzo Pérez logró revalidar su mayoría absoluta con 9 concejalías y siendo ahora el primer partido de la oposición el PP con dos puestos. Su propuesta fue ya la tercera en las preferencias de los arroyanos. Por consiguiente, un nuevo paso atrás en su carrera.

En febrero del año 2000, el año de la victoria por mayoría absoluta del PP de José María Aznar, quiso dar el paso a la política nacional. Aquello fue una opción completamente alejada de la realidad. En este caso, y otra vez con el SIEX, su nombre iba de número 2 para el Congreso de los Diputados por la provincia de Cáceres, opción política con la que quedó otra vez muy lejos de sus objetivos. Y es que el SIEX siempre estuvo muy alejado de las preferencias electorales de los extremeños

Definitivamente, y con el nuevo siglo y milenio su figura estaba ya cayendo casi en el olvido político. No obstante, y, por último, en el año 2003 volvió a ofrecerse a sus vecinos en la candidatura del SIEX que él lideraba con un joven Albino Castaño Carrasco de número 2. Ahora, incluso, las preferencias de los electores arroyanos le relegaron a un último puesto. Efectivamente, con 459 votos volvió a ser elegido concejal para los siguientes cuatro años, pero ese número de electores eran muy pocos para contrarrestar los 9 concejales que había obtenido el PSOE, ganador de nuevo, las 2 concejalías del PP o el concejal que obtuvo Izquierda Unida con 100 votos más que él.

Terminada esa legislatura y ya con 64 años, se echó a un lado en la política local, aunque siempre estuvo muy presente en conversaciones de los que ya peinamos muchas canas porque, no en vano, fue el alcalde clave de nuestra generación cuando éramos jóvenes. Sirva este artículo como homenaje a su figura, y que el mismo sirva para recordarlo y darle efusivamente las gracias por el intenso trabajo que desarrolló durante todos aquellos años en favor de sus vecinos.

Nota: mi sincero agradecimiento a Felicísimo por aquella larga conversación en el patio de su casa (ojalá la pueda volver a repetir), y a su hija Julia Bello por las aportaciones más íntimas de su intrahistoria familiar. Sin esta doble contribución este artículo hubiese tenido muchas más lagunas de las que puedan encontrarse.