CARTA ABIERTA A VICTORIA GARCIA FONDÓN

Vitori García. ::CEDIDA
EL LECTOR

Impregnadas por el dolor que ahora me invade y el cariño que siempre me inspiraste y te profesé,  he pergeñado estas líneas desde lo más profundo de mí ser como póstumo homenaje a tu persona.

Existen circunstancias en la vida del ser humano, que por su amargo e irreversible contenido, van dejando profundas cicatrices en el alma imposibles de borrar de nuestra mente y llegar a comprender por muchas interrogantes que solamos hacernos a lo largo de nuestra vida.

La rápida e inesperada noticia de tu fallecimiento, nos sorprendió a familiares y amigos cuando todavía no nos había dado tiempo a despertar en ese miércoles santo que quedará gravado para siempre en el calendario de nuestras vidas.

En silencio, sumida en un apacible sueño del que ya no despertarías, partiste al reencuentro con Dios en una Semana de Pasión que supiste hacer propia, dando por finalizado ese vía crucis de dolor que desde hacía tiempo venías recorriendo con sumisión y paciencia y en cuyas estaciones de dolor y esperanza, fuiste dejando girones de tu vida y de tu alma.

Luchadora infatigable, nunca bajaste la guardia ante la infinidad de obstáculos de todo tipo que la vida fue poniendo a tu paso, dejándonos la impronta de esposa y madre donde la fortaleza, la abnegación y el sacrificio, fueron las principales señas de identidad de tu carácter y personalidad.

Nos será imposible olvidar tu presencia inestimable, tu contagiosa y familiar sonrisa, así como el concepto que atesorabas sobre la familia y la amistad.

Son muchas las vivencias y virtudes que nos has legado con tu partida. Nos dejas el eco agradable de tu conversación, tus buenas obras y tu entrega altruista a los demás cada vez  que se te pedía colaboración.

San Antón evocará tu presencia anual en su subasta en la que solías participar de forma activa y alegre, aunque hacía varios años ya no hicieras acto de presencia por circunstancias de todos conocidas.

La Coral al perder una de sus voces más querida, añorará tu presencia y cuando esto suceda, la voz de alguno de sus miembros quedará truncada en su garganta sin poder evitar que sus ojos se humedezcan de nostalgia y de cariño, al comprobar que el lugar que tu ocupabas, continuará siendo tuyo desde el más allá y en la distancia.

Descansa en paz junto a tu esposo y vela por tus hijos y familia gozando  de ese lugar de paz eterna al que tienen acceso aquellas almas que sólo supieron sembrar amor y paz  durante el tiempo que vivieron en la Tierra.