José Luis Taboada Jiménez, nuevo juez de paz de Arroyo de la Luz, en su despacho del juzgado. / A. I. P.

«El juez de paz está para poner paz y no puede ser una figura autoritaria»

José Luis Taboada Jiménez Juez de paz en Arroyo de la Luz Ocupó el puesto de segundo durante los tres años y medio anteriores y es una persona muy conocida por haber pertenecido a diferentes colectivos locales

Ana Isabel Padilla Macías
ANA ISABEL PADILLA MACÍAS Arroyo de la Luz

El 22 enero, el arroyano José Luis Taboada Jiménez, jubilado de 70 años, ocupó el cargo de juez de paz en Arroyo. Durante los tres años anteriores ocupó el cargo de segundo. Es una persona afincada desde siempre en la localidad y muy conocido por haber pertenecido a diferentes colectivos y asociaciones locales. Ocupó la secretaría de la Hermandad de San Cristóbal. Jubilado desde hace seis años, fue conserje de la Diputación durante 38 años, trabajo que compaginó con el de sastre. El 22 de marzo de hace seis años se jubiló a los 65 años.

–¿Qué le lleva a ser juez de paz?

–Me lo propuso el Ayuntamiento como persona conocida en el pueblo y creyeron que era el idóneo. Lo solicité y me lo aprobó el equipo de Gobierno. En los tres años y medio que he estado de segundo también fue a propuesta del Ayuntamiento y acepté, porque tenía mucho tiempo libre, ya jubilado. Tenía 24 horas al día para dedicarme a este tema.

–¿Cómo fue la experiencia en los tres años como segundo?

–La experiencia fue muy buena, he hecho cosas que no sabía cómo funcionaban. He tenido gente para declarar, para dialogar y que se pusieran de acuerdo porque quizás tenían problemas entre ellos. Y después también he hecho algunas bodas. –En esos años de segundo, ¿desempeñaba alguna vez la función de juez de paz? –En esos años estaba en activo porque yo suplía al primero por temporadas, si él cogía permisos o días libres o no podía venir, entonces me lo comunicaba el secretario y me hacía cargo de esos días.

–¿Por qué decidió aceptar el reto?

–Porque soy muy estable socialmente dentro del pueblo y me gusta estar con la gente y ayudarla al máximo en la vida social.

–¿Qué funciones realiza en la actualidad un juez de paz?

–Es un mediador de personas. Es un puesto que últimamente no se venía nombrando apenas. La gente lo tenía como si fuera una persona normal y corriente, cuando no es así. El juez de paz es una autoridad, puede ser la tercera persona más importante del pueblo. Está el alcalde, que es la máxima autoridad, y las fuerzas del orden y detrás está el juez de paz dentro de lo que es el organigrama de justicia de la localidad. Y las funciones que realizamos, sobre todo centrándonos en Arroyo, son problemas que haya tenido alguien en el pueblo con la justicia o con herencias, con vecinos, con las fuerzas del orden público, y para eso está el juez de paz.

–¿Qué cualidades debe tener esta figura?

–Cuando me designaron a mí es porque han visto que, aparte de que solamente estábamos dos para ese puesto, que era el que estaba antes de titular y yo, que estaba de suplente, decidieron que me encargara yo. Se aprobó en pleno por mayoría absoluta con el voto positivo de las tres fuerzas políticas que integran el gobierno y creo que eso es señal de que caigo bien a la gente. El juez de paz está para poner paz. No es una figura autoritaria. Intenta dialogar entre las partes afectadas y si no se ponen de acuerdo entonces van a juicio y de ahí su función.

–¿Es complicado impartir justicia entre vecinos con los que convive a diario y a los que conoce?

–No, lo veo normal y cuando le eligen a uno es porque ven en ti una serie de cualidades y que los vecinos encima te apoyan. El hecho de conocerles no es algo que me eche para atrás, al contrario, porque la gente te ayuda.

–¿Su idea es permanecer muchos años en este puesto?

–La primera intención es decirte que después de los cuatro años renovaría, pero hubiera sido antes de comenzar como titular. En los tres años de suplente he trabajado mucho, pero al pasar a ser juez de paz hay mucho más trabajo. Hay que ser prudente, quiero aprovechar y trabajar estos cuatro años y cuando se convoque la próxima plaza, si me encuentro en las condiciones en las que estoy a día de hoy, tanto física como psicológicamente, volvería a presentarme para renovar.

–¿Está olvidada esta figura?

–A nivel local está olvidada, pero el juez de paz de una localidad como Arroyo tiene muchísima importancia. Es algo que se ha ido perdiendo y olvidando socialmente, que no judicialmente. La gente desconoce esto porque no se les ha dicho, no saben que hay un juez de paz entre los propios vecinos. Quizás, como una pequeña crítica, creo que el juzgado de paz debería estar más céntrico. Este edificio en el que estamos está bastante alejado de la plaza, donde se encuentra el Ayuntamiento, y el juzgado debería estar más cerca del Consistorio. Antiguamente estaba más cerca, pero al hacer este edificio nuevo, aquí se trajo. Siempre ha habido juez de paz, pero al mover el juzgado se ha olvidado. El juzgado de paz en Arroyo tiene mucha importancia porque está coordinado con el de Aliseda y el de Malpartida, trabajamos conjuntamente. Cada uno tiene el suyo, pero, según los habitantes de una población, el juzgado de paz tiene más o menos fuerza y en este caso el más grande es Arroyo. Algunas citaciones de Malpartida no las pueden atender porque no reúnen las condiciones por el número de habitantes y entonces los mandan aquí.

–¿Hay diferencia en tratar casos de fuera y del pueblo?

–No, más bien es mejor, porque son gente que no te conoce y tú tampoco a ellos y te centras más en el trabajo y en el problema en concreto. Al ser algo externo incluso se llega a ver más neutral y más de uno prefiere venir a un pueblo donde no les conozcan. –Habrá momentos difíciles. –Hay más cosas positivas que negativas, el balance es bueno. He visto entrar a personas muy enfadadas y se han ido muy relajados. He visto entrar gente que al mirarlas he dicho «madre mía», y se han sentado, hemos hablado tranquilamente y al final me dicen que les he dado ánimos. Se ven las cosas más en perspectiva y aquí se solucionan problemas. Los que no se arreglan será porque están muy cerrados de mente.

–¿Desde que empezó ha notado un aumento o descenso en los problemas que se tratan aquí?

–Seguimos en la misma línea, no he notado cambios por arriba ni por debajo. Los clásicos problemas de riñas, patios, fincas, lindes…, pero se llegan a solucionar porque hay unas leyes que marcan unas directrices que son las que hay que cumplir.