Navidad con Mané. / Cedida

Navidad arroyana de Don Vicente Bolinche

MÁXIMO SALOMÓN ROMÁN Arroyo de la Luz

Siempre es grato, al llegar la Navidad, retrotraernos a nuestra niñez y, por un momento, recordar aquellos años en los que vivíamos con ilusión la última semana de cada año y la primera del siguiente. Todo muy clásico, tradicional y familiar en aquella sociedad gris y autárquica.

Estamos a mediado de los años sesenta y, aunque débilmente, el típico árbol de Navidad (a veces natural y, en otras ocasiones, de plástico) se va haciendo hueco en nuestras casas con los espumillones y las bolas brillantes que, obviamente, irían aumentando en cantidad año tras año.

En Arroyo, a finales de los setenta surge por parte del Ayuntamiento la idea de adornar un gran árbol en la plaza. Se trae un pino enorme (hoy día no se consentiría su corte, máxime cuando se ha sustituido por los usuales conos que, realmente, se han convertido en un motivo estándar en cada pueblo). Así, con bombillas de colores y guirnaldas, se sitúa en la plaza, centrado entre la farmacia y el atrio. Alrededor del mismo, aparecían nuestros paisanos cantando los típicos villancicos. El día de Nochebuena se celebraba la Misa del Gallo a las 12 de la noche y, tras la cena, la Iglesia de la Asunción se llenaba.

Es en los primeros años de la década de los sesenta cuando se monta -en la víspera de Reyes- un Belén Viviente en la Plaza, con Cabalgata incluida. Todo un magnifico portal elaborado en la puerta de la iglesia de la Asunción, en este caso en la orientada a la Corredera. Nati, hija de un médico local, don Flores, y José Manuel Bañegil fueron, respectivamente, la Virgen y san José. El señor Publio González, vecino de la Corredera presta una vaca y otro arroyano, Teófilo Bejarano (cariñosamente, Canilla), una burra. Y aparecen, Corredera abajo, los Reyes Magos, a caballo. Aunque la plaza estaba abarrotada, la idea no pareció cuajar en siguientes ediciones.

Por suerte, desembarca en Arroyo, de la mano del Obispo Llopis, un cura valenciano: don Vicente Bolinche. Se hace cargo de la parroquia de San Sebastián, tras la marcha de otro cura, don Julián que -provisionalmente – estaba sustituyendo al titular de la misma, don Félix Sánchez (este último desarrollaba su labor pastoral en Alemania). Hombre lleno de iniciativas, se encarga de la organización de la Cabalgata local desde el Santo, como se conocía a esta ermita convertida en parroquia en 1959.

Cada año logra ganarse a jóvenes, hijos de aquellos alfareros del arrabal y de aquellos «pelucos» (agricultores) y les convence para encarnar a los Reyes Magos con sus respectivos pajes. Otro joven hacía de pregonero. Cuatro jinetes, cuatro caballos de aquellos que se utilizaban a diario en las faenas de campo, y tres pajes a pie, al lado de sus respectivos caballos, recorrían la calle del Rollo, Parra, Camberos e Hilacha. Ángel Collado, Guillermo Ramos, Paco Cid , Cándido Pajares Talavera, Agustín, José Pajares, Fidel, Máximo Leal , José María y Sergio (los Cañitas)… son algunos de los paisanos que asumen el papel de Reyes y Pajes, agrandando la ilusión de los más pequeños.

El altavoz de la torre del reloj del Santo, con sus tradicionales villancicos, animaba a la concurrencia para tal evento. El compromiso de Bolinche duraría casi una década, esto es, el tiempo en que estuvo de párroco en Arroyo. A principios de los setenta regresa a su tierra valenciana, tras la jubilación de Llopis, su valedor.

Cedidas

Durante unos años deja de celebrarse la Cabalgata en Arroyo. Es a mediados de los setenta, y con el apoyo de la oficina de Extensión Agraria, cuando un belén viviente con cabalgata en la Asunción. Esta vez no se colocó ningún portal de escobas y encinas, como el referido, años atrás. En su lugar, el señor Teodoro, electricista del momento, llenó de luces el contorno del arco de la misma puerta de la iglesia, la de Corredera. Resultó muy bien, pero desconozco las razones que impidieron el seguir con dicho montaje año tras año.

Pasarían unos cuantos años hasta que, principalmente don José Luis (q.e.p.d.) párroco de san Sebastián, y el Ayuntamiento con la colaboración de las AMPAS dieran un nuevo impulso a los belenes vivientes, aunque separados de la tradicional cabalgata.

El entrañable recuerdo a don Vicente Bolinche, impulsor del Club Parroquial del Santo y de aquel equipo de baloncesto de féminas a principios de los setenta sigue hoy presente en esas generaciones a las que marcó profundamente.

Reyes Magos y Bolinche. / Cedida

Tal vez don Vicente mereciera más por parte de un pueblo al que vino a traer ilusión y aires nuevos. Va por él.